Palabras de un AE... Alejandro Reinoso*

*Alejandro Reinoso (Santiago de Chile, Chile) AE AP NEL. SLP. AMP



Xul Solar


¿Qué me evoca el paradigma IV, El goce normal?

Este cuarto paradigma del goce es también llamado el goce fragmentado. Se formula en el Seminario XI donde Lacan retoma el cuerpo agujereado y fragmentado de las zonas erógenas configurado en los Tres ensayos de Freud. Aquí el goce está localizado en el objeto a, a diferencia del goce masivo de das Ding del paradigma precedente, y está situado –como dice Miller– “en un huequito”1. En efecto, el objeto a “es simplemente la presencia de un hueco, un vacío”2. El inconsciente mismo es una zona erógena que pulsa, que se abre y se cierra. Es el “huequito” en el inconsciente mismo.

Este goce se alcanza en el circuito de la pulsión, es una recuperación parcial de goce, del goce mítico perdido desde siempre, que adviene a través del recorrido de la pulsión. ¿Qué es lo “normal” de este goce? que “es un goce automático que se alcanza siguiendo el camino normal de la pulsión, su ida y vuelta sin trasgresión”3. El objeto a del álgebra lacaniana es una respuesta de goce, es parte de la operación de separación, mientras la operación de alienación es simbólica. De todos modos, en la identificación significante el sujeto con su división incluye un vacío. La pulsión responde: “allí donde estaba el sujeto vacío, viene el objeto perdido”4. En este sentido, lo normal del movimiento de la pulsión es correlativa a la operación de separación que Lacan describe con la teoría de conjuntos. Es una “pérdida natural”, concluye Miller, en el apartado de este goce.

¿Qué del goce normal al final de un análisis?

En un análisis que concluye se trata de ir precisando el fantasma y el lugar de los objetos predominantemente involucrados en el recorrido de la pulsión. El atravesamiento del fantasma y la delimitación de su gramática permitirán aislar el componente fálico de satisfacción, para, desde ahí dirigirse al más allá del falo y, por ende, al goce femenino, goce propiamente tal. Devenir analista consiste en ocupar ese lugar de causa, de objeto causa: “si el analista puede ser asimilado al objeto a, es en tanto que objeto causa de un análisis y por ello el haber levantado el desconocimiento del objeto a, es decir aquí el desconocimiento de su acto”5. Para quienes se presentan al dispositivo del pase es crucial describir el montaje de la pulsión, las maniobras del analista y su posición en relación al objeto a, es decir, aquello que permitió arribar a un saber sobre ese goce localizado y el saldo que ello tuvo en el circuito pulsional mismo. Para un AE el desafío consiste en la apuesta por la transmisión de los efectos del propio análisis, componente libidinal del objeto a, que un testimonio pone al servicio de la experiencia de Escuela para animar el efecto causa y conmover con a través de la extracción. En otras palabras, se produce en la comunidad analítica una pérdida que empuja hacia un aún más que se demanda a la Escuela, por eso, quien escucha un testimonio experimenta que el apetito y el gusto por el lazo de Escuela se despierta.