Retorno sobre el caso Dora

Actualizado: 10 dic 2020

Domenico Cosenza*


*Domenico Cosenza Milano (Italia) AME. SLP. AMP. AE, Analista de la Escuela y actualmente es el presidente de la Euro Federación de Psicoanálisis.



El fragmento de un análisis de histeria se presenta como la exposición detallada del primer caso clínico de histeria construido por Freud a la luz de un tratamiento analítico aunque breve e interrumpido. Para el padre del psicoanálisis, el caso Dora tiene la función de corroborar las tesis que él sostuvo diez años antes en los Estudios sobre la histeria, un texto sobre la patogénesis de síntomas histéricos y los procesos psíquicos que la caracterizan. Dentro del caso Dora, Freud aprieta el nudo que él quiere aislar: es “dentro de la intimidad de la vida psíquica sexual” 1 que se encuentra la causa de la histeria, y “los síntomas histéricos (son) la expresión de sus deseos reprimidos más secretos”2. Para Freud, ellos son su actividad sexual. Para Lacan, en la histeria “Freud iluminó lo más eminente dentro del caso Dora”3 mostrándonos en qué consiste la pregunta histérica: “¿qué es ser una mujer?”4.

A la edad de 16 años, el padre de la joven la lleva a Freud y dos años más tarde, ella comenzará el breve tratamiento analítico de 3 meses. La constelación de síntomas que la afligen –disnea, cefaleas y tos nerviosa, afonía, depresión y alteración de carácter, amenazas suicidas, desvanecimiento- toma forma a medida que avanzan el trabajo con Freud, a la luz del sentido sexual que emerge de la trama de las relaciones fundamentales en la cual evoluciona la joven histérica. La identificación al padre se revelará el elemento cardinal para hacer aparecer el sentido inconsciente de los síntomas claves de Dora. Lacan en su lectura del caso va a demostrar la dinámica esencial en juego que reglan las relaciones de Dora con su padre y con la pareja del Sr. y Sra. K, sirviéndose en particular del esquema Z. Es lo que Freud nos dice que el padre de Dora estableció después de algún tiempo una relación con la Sra. K. Una relación de la que Dora se queja con Freud en su análisis, pero que ella sostiene de diferentes maneras y más de una vez, manifestando de este modo su ambivalencia fundamental. Al mismo tiempo, Dora recibió las atenciones siempre muy entusiastas de parte del Sr. K, que comenzó a ocupar un lugar importante en los pensamientos de Dora. Todo pareciera inducir a pensar que el deseo de Dora está orientado hacia el Sr. K., y Freud mismo lo cree. La escena reveladora de la trama inconsciente es la famosa escena del lago. Dora y el Sr. K se encuentran, y él tiene la mala idea de decir una frase que produce como respuesta una bofetada de la joven y que precipita el fin de la relación. La frase es la siguiente: Ich habe nichts an meiner Frau, “mi mujer no es nada para mí”5. Por esta frase, el Sr. K. pierde la posición que ocupaba hasta ese momento: la posición de objeto de identificación. Para Dora, el valor del Sr. K. dura mientras que él puede funcionar como metáfora para ella. Como dice Lacan: “Literalmente, el Sr. K. es su metáfora”6. Para Dora, él toma el lugar dentro del inconsciente de Dora al lado de la Sra. K. Ella es el verdadero objeto de deseo de Dora que encarna el enigma de la femineidad, y cuyo cuerpo de un candor fascinante tiene un atractivo irresistible para la joven. Pero esta función de objeto de amor por procuración ejercida por el marido de la Sra. K. no tiene valor para Dora más que a condición: “A saber, que Dora sea amada por él por además de su mujer, pero en tanto que su mujer es algo para él”7.

La lectura del caso de Dora continúa para interrogarnos cuando intentamos tomarla bajo su aspecto topológico, poniendo en el corazón de la cuestión lo real; real dejado de costado por Lacan cuando lo trabajaba, en sus Seminarios sobre mediados de los años 50, su enfoque lógico dentro del marco de coordenadas imaginarias y simbólicas del esquema Z. Es la incidencia contingente del lenguaje sobre lo real del cuerpo pulsional del parlêtre que estará en el corazón de la última enseñanza de Lacan, mostrándonos así la centralidad de la escritura del goce que sedimenta silenciosamente en la histeria. Recientemente Dominique Laurent8 retoma los pasajes de Lacan sobre el discurso de la histeria en el Seminario 17, así como la nueva definición de la histeria como “síntoma de síntoma” que encontramos en el Seminario 18 y que Jaques- Alain Miller comentó como “síntoma de segundo grado”9. En esos pasajes, toma forma la dimensión estructural de la histeria como escritura del goce; ya sea dentro del llamado a un amo en tanto castrado- como podemos encontrar en el padre enfermo de Dora- o que sea en el “síntoma de síntoma” por el cual Dora experimenta en su cuerpo pulsional los trazos de goce ligados al encuentro traumático con el goce paternal. El caso freudiano nos ofrece diferentes declinaciones, de la tos nerviosa a la disnea que reenvían al jadeo del padre en el coito con su mujer, escuchado a la noche por la joven10. Lo mismo con la relación de acusación y de autoacusación de Dora sobre el padre y su sexualidad “enferma”, que para Freud devuelve a Dora a su propia sexualidad precoz y a la relación entre leucorrea y masturbación11. La separación de Dora con el Sr. K. precipitada por el asco durante el episodio de los besos y de la bofetada en la escena del algo, hacen eco al encuentro traumático de Dora con el goce del Otro. Mismo el horror a los hombres “que ella cree que están excitados sexualmente”12 se construye ya en la infancia de la joven. La ambivalencia que Dora pone en juego, mediante la construcción de la intriga que domina la escena de relaciones entre el padre, el SR. K y la Sra. K. no hace menos traumática el encuentro con lo real del sexo, donde la relación sexual se revela imposible y la negación se impone a Dora como una respuesta inexorable.

Este texto fue publicado en el blog de preparación hacia las 50º Jornadas de la ECF, que se realizaron el 14 y 15 noviembre por videoconferencia sobre el tema Attentat sexuel .

https://www.attentatsexuel.com


La traducción cuenta con la amable autorización de Domenico Cosenza y de Laurent Dupont.


Traducción: Cecilia Scovenna



Freus, S. “fragmento de un análisis de histeria” (caso Dora).

Ibid.

Lacan, J. Seminario 3. Las Psicosis. Texto establecido por J.-A. Miller. Paris. Pág. 197.

Ibid