Una pregunta a... Graciela Brodsky*

*AE: 2012 - 2015 | AME. EOL. AMP




¿Qué incidencia ha tenido el paradigma IV en la clínica?

A propósito del paradigma cuatro me interesaron especialmente las decisiones que se tomaron en el momento de la traducción y el establecimiento del curso de J. A. Miller “La experiencia de lo real”, donde  él desarrolla lo que conocemos como “Los seis paradigmas del goce”. En el establecimiento del curso yo opté por nombrar el paradigma cuatro como “el goce fragmentado”, mientras que en el pequeño libro donde se  publican  por separado las clases de referencia, se optó por llamarlo “el goce normal”. Esto basta para encontrar la buena fórmula que corresponde a este cuarto paradigma: el goce normal es el goce fragmentado, es decir el goce que resulta de la cizalla que el significante introduce en el cuerpo y que lo recorta en las zonas erógenas que conocemos. Se podría agregar, entonces, que el significante desnaturaliza el goce, ese goce masivo de la Cosa que Lacan presenta en el Seminario 7, y lo convierte en goce parcial, anudado a un objeto recortado del cuerpo y que se busca en el campo del Otro, es decir, un goce perseguido en el circuito pulsional. En síntesis, el goce normal ¡es el goce perverso! Perverso en el sentido de la aspiración del neurótico a la perversión, perversión que solo realiza en el fantasma. 

La consecuencia para la clínica es inmediata: el objeto a y el fantasma pasan a orientar tanto la dirección de la cura como su final, concebido como atravesamiento del fantasma. 

Más allá de este goce, queda el goce que no hay, el de la común medida entre los sexos, y el goce que hay, el goce a secas, el de un cuerpo vivo más allá de la cizalla significante.